JUGUETES
Tu inagotable interés por las cosas y tu pasión inclaudicable por descifrar como funcionan los objetos, hace que me pregunte si es que puede toda la naturaleza resumirse en la geometría de las cosas a las que te aferras, como si estas de verdad pudieran amarte o, en realidad es que basta tu apego para suplir su indiferencia.
Tal vez, no necesitas más que su presencia, su inercia, el acto y la potencia de un trozo de materia disfrazada de la compañía más amena. Y yo, siento celos...
La forma en que proteges a tus inanimadas posesiones y al mismo tiempo las reduces a la nada a tu antojo; la manera misteriosa que tienes de entender el mundo me sorprende y sobre todo, la lealtad de tus inertes vasallos, tus juguetes.
Un piano sin teclas,
una guitarra sin cuerdas,
un camión destartalado,
un auto sin ruedas,
ruedas ensartadas en las baquetas de un tambor,
un tambor sin su parche,
un parche de tambor vistiendo un muñeco,
la cabeza de un muñeco en el cuerpo de un dinosaurio,
un dinosaurio dentro de la caja de encastres,
piezas de encastre alineadas sobre la mesa,
una mesa llena de números y letras,
letras dibujadas en las paredes,
paredes llenas de pegatinas,
pegatinas decorando libros de cuentos,
libros de cuentos formando casitas a dos aguas,
casitas tumbadas sobre un terremoto de bloques,
bloques esparcidos en la cama,
una cama llena de animales de goma,
animales de goma que sueñan que están vivos,
sueños que se escabullen entre los dedos,
la vida, que juega con nosotros.
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