CELOS




     Desde muy pequeño, mi hijo autista ha manifestado cierta dificultad para asimilar conceptos abstractos. No ha sido fácil lograr que comprenda las emociones propias o ajenas. Intuyo que ahora finge entenderlas, cuando en realidad, lo que hace es asociar determinados rasgos faciales al nombre correspondiente; así, un rostro con una boca grande cuyas comisuras apuntan hacia arriba es equivalente a felicidad. Otro tanto ha ocurrido con la muerte de mi padre y aunque sus terapeutas parecen satisfechos con el hecho de que ante una foto suya  responda “muerte”, yo sé que no lo ha entendido y como no lo ha entendido, tampoco ha sido capaz de aceptar su existencia. Hemos discutido varias veces al respecto, pero no me he atrevido a explicarles el motivo de mi certeza y debo confesar que siento muchos celos cuando lo veo jugando con mi padre en la plaza los domingos.

Comentarios